Traducción al español del original en euskera por la RED VASCA ROJA.


      COMUNICADO DEL COLECTIVO DE PRESOS POLÍTICOS VASCOS

      Los compañeros del Colectivo de Presos Políticos Vascos emprendimos en enero de 1996 la lucha por la reivindicación «Euskal Presoak Euskal Herrira». En aquellos instantes dimos un notable salto cualitativo en lo que se refiere al reforzamiento de la ligazón entre los presos y el resto de ciudadanos vascos. De entonces hasta ahora, tanto en el interior de las cárceles como en las calles de Euskal Herria, hemos materializado incontables iniciativas y luchas. En lo que a nosotros respecta, tres huelgas de hambre concatenadas, txapeos [encierros en la celda] casi ininterrumpidos, plantes, huelgas de hambre indefinidas en numerosas cárceles exigiendo un trato mínimamente digno, junto a tantas y tantas iniciativas para hacer frente a la cárcel... En cuanto a [los que estáis en] la calle, innumerables asambleas, numerosas manifestaciones nacionales, acciones de sabotaje, cortes de carretera, acciones de propaganda, paros laborales, la huelga general...

      Y poco a poco, por esa vía, se han ido acumulando las fuerzas en favor de los derechos de los presos políticos. Algunas fuerzas que en un tiempo apostaron por la dispersión, contribuyendo incluso a su diseño e impulsándola, han cambiado de actitud, y hoy día resulta una realidad innegable que la mayoría de los ciudadanos vascos defienden el derecho de los presos políticos vascos a estar en Euskal Herria, incluidos sectores de los denominados "partidos constitucionalistas".

      Al día de hoy, y ya desde hace largos meses, está a la vista que los presos políticos vascos hemos superado la dispersión, si tenemos en cuenta que el objetivo de ésta consistía en romper al Colectivo. Por eso decimos que hemos "derrotado políticamente" la dispersión: porque sus objetivos no se han cumplido y no se cumplirán, ya que una mayoría determinante en la sociedad vasca se ha unido en la reivindicación «Presoak Euskal Herrira».

      Más aún, el derecho que los presos vascos tenemos a participar en la construcción nacional de Euskal Herria se ha extendido por toda la sociedad vasca. Casi nadie pone en duda que hasta que los presos vascos tomemos parte libremente en el proceso de construcción nacional, no habrá "normalidad" en nuestro pueblo.

      Y, como consecuencia, más evidente todavía ha quedado la política de "castigo sobre castigo" que los gobiernos de España y Francia aplican a los presos vascos, utilizándonos como "moneda de cambio" para condicionar la palabra de Euskal Herria.

      Desgraciadamente, de nuevo debemos constatar que los gobiernos de España y Francia hacen oídos sordos al grito de Euskal Herria. La lucha desarrollada durante años choca contra los muros que España y Francia han construido en torno a Euskal Herria. Para que se respeten los derechos de los presos vascos, tanto humanos como políticos, Euskal Herria no sólo ha dado a conocer su opinión, sino que la ha proclamado en voz alta, una y otra vez. Mediante declaraciones institucionales; a través de tantos y tantos agentes políticos, sindicales y sociales; pro medio de asambleas y manifestaciones a escala local y nacional; mediante paros laborales... Sin embargo, no hay peor sordo que el que no quiere oír.

      Porque el fundamento de esa lucha que nos ha unido a todos no está en la situación que sufrimos los presos políticos vascos. El núcleo del problema no está en la tortura blanca que nos lleva a la muerte día tras día, no está en los miles de kilómetros que nuestros familiares y amigos se ven obligados a hacer para una corta visita de media hora, que muchas veces incluso se les niega; el problema no es que los compañeros que han cumplido los plazos para la libertad condicional para estar en la calle sigan muriendo en las cárceles. Todo eso se sitúa en el dolor que que se nos hace sufrir como seres humanos. Pero ateniéndonos a nuestro compromiso de militancia, estamos dispuestos a soportar eso y aún más para llevar a Euskal Herria a la libertad. Como tantos compañeros y ciudadanos que han dado la propia vida.

      La situación de los presos políticos vascos mejoraría, sí, si cediéramos ante los Estados español y francés. Nos dejarían "tranquilos" si aceptáramos que Euskal Herria no existe, si reconociéramos que es un territorio perdido en el interior de España y Francia. ¿Pero quién podría vivir tranquilamente mientras ve cómo destruyen la propia esencia de su pueblo? Los compañeros que formamos el Colectivo de Presos Políticos Vascos no, al menos, ni tampoco los miles y miles de ciudadanos vascos que participan en la lucha día tras día.



      La raíz del problema está en que los Estados español y francés, a través de los presos vascos, tienen secuestrada la palabra de Euskal Herria: el objetivo no somos nosotros, los presos políticos vascos: golpeándonos a nosotros golpean el deseo de libertad de Euskal Herria; destruyéndonos, pretenden destruir a la mayoría de ciudadanos vascos que quiere una Euskal Herria libre.

      El Pueblo Vasco ha pagado caro ese ataque que se lleva a cabo contra él mediante la cárcel: el loiutarra Jose Ramon Goikoetxea apareció en los lavabos de la cárcel de Alcalá, ahorcado y con una profunda herida en el cuello, el 26 de junio de 1985; Joseba Asensio, de Bilbo, murió con tuberculosis en su celda de la cárcel de Herrera de la Mancha, el 8 de junio de 1986, después de que los médicos de la cárcel le dieran medicinas contra el catarro; Josu Retolaza, de Eibar, murió el 19 de mayo de 1987, de cáncer, sin recibir ningún cuidado de los servicios médicos de la cárcel; Mikel Lopetegi, de Tolosa, apareció ahorcado en su celda de la cárcel de Herrera de la Mancha el 2 de marzo de 1988; Juan Carlos Alberdi, de Urnieta, murió el 15 de junio de 1988, de un ataque al corazón, en la cárcel de Herrera de la Mancha; Mikel Zalakain, de Villabona, murió de un ataque al corazón el 30 de octubre de 1990, en la cárcel, a pesar de haber sufrido otro anterior, sin recibir ningún tipo de tratamiento; Jean Groix, de Bretaña, apareció ahorcado el 27 de enero de 1991 en la cárcel de Frenes; Pello Mariñelarena, de Etxarri, murió el 15 de mayo de 1993, en un hospital de París, con SIDA, debido a la falta de asistencia en su enfermedad; Jabi Gorostiza, de Barakaldo, murió el 17 de junio de 1995, al cabo de un año de haber sido puesto en libertad, como consecuencia de un cáncer desarrollado en la cárcel; Juan Jose Etxabe Orobengoa, de Arrasate, murió el 11 de julio de 1996 de un ataque al corazón, a los dieciocho días de salir de la cárcel, debido a los daños?? ocasionados por la cárcel; Juan Jose Arantzamendi Arbulu , de Elorrio, apareció ahorcado en su celda de la cárcel de Alcalá-Meco, el 7 de febrero de 1997; Juan Carlos Hernando Gonzalez, de Arigorriaga, apareció ahorcado el 20 de julio de 1997, en su celda de la cárcel de Albacete; el hazpandarra Jean Louis Maitia murió el 25 de agosto de 1997, de un ataque al corazón, a los dos meses y medio de salir de la cárcel, debido a la gran pérdida de salud ocasionada por la cárcel; Santi Diez Uriarte, de Basauri, murió el 27 de octubre de 1997 en el hospital de Basurto, como consecuencia de un cáncer surgido y desarrollado en la cárcel, sin asistencia; Esteban Esteban Nieto, de Tolosa, murió el 26 de septiembre de 1999 en Tolosa, como consecuencia de un cáncer desarrollado en la cárcel, sin recibir cuidados médicos; Arantza y su hermana Rosa Amezaga Mendizabal, de Tolosa, murieron el 28 de septiembre de 1982, en un accidente de automóvil, cuando volvían de un juicio en Madrid contra su hermano Koldo Amezaga; Pilar Arzuaga y Alfonso Isasi, de Laudio, murieron el 1 de julio de 1990, en un accidente de automóvil, cuando iban a visitar a la presa Maribi Ramila Arzuaga a la cárcel de Orense; Matilde Arribilaga, de Andoain, murió el 18 de febrero de 1994, en un accidente de automóvil, cuando se dirigía a una concentración en Gasteiz en favor de su hijo Xabier Jauregi, preso; Antxoni Hernandez, de Algorta, murió el 14 de marzo de 1997, en un accidente de automóvil, cuando se dirigía a Alcalá-Meco, a visitar a su sobrino Angel Figueroa; Joxemari Maruri, de Zierbana, murió el 22 de junio de 1998, cuando iba a visitar a su hijo a la cárcel de Basauri; Karmen Salbide, de Ugao, murió el 3 de abril de 1999, en un accidente de automóvil, cuando regresaba de una visita a su amigo Jose M. Fernandez Perez de Nanclares en la cárcel de Logroño; Ruben Garate, de Otxandio, murió el 13 de febrero de 2000, cuando regresaba de visitar a su amigo Jose Antonio Hernandez en la cárcel de Alcalá-Meco.

      Todos ellos, presos políticos, familiares y amigos, han muerto como consecuencia directa de la cárcel. Todos cuantos ayudaron a diseñar, sostuvieron y defendieron la dispersión política, y la siguen defendiendo, tienen ahí motivo de reflexión, en lo que se refiere a su responsabilidad.

      Y, como es obvio, los presos políticos vascos y nuestros familiares y amigos seguimos sufriendo día tras día el castigo de la cárcel: los accidentes de automóviles [con o] sin accidentes mortales, las palizas de los carceleros, los castigos arbitrarios impuestos por la dirección de las prisiones, el secuestro en las cárceles aun habiendo cumplido los plazos para estar en la calle, la negativa a reconocer el derecho de los que han sido elegidos a ocupar sus cargos...

      Pero al mismo tiempo entre todos hemos mostrado que los muros que España y Francia han alzado para ahogar a Euskal Herria no son indestructibles. Concretamente, la lucha en favor de las reivindicaciones de los presos políticos vascos ha hecho aparecer grietas en esos muros. "Acercando" a Euskal Herria a algunos presos políticos vascos, o mediante iniciativas no sólo humanitarias sino legales, han puesto parches en el muro resquebrajado, pretendiendo demostrar su "fuerza" y "perdurabilidad".

      No es corto el camino recorrido desde 1996 hasta ahora. Sobre todo en lo que se refiere a la ligazón de las luchas entre los presos vascos y la sociedad vasca. Pero llegados a este punto, creemos que es necesaria una nueva reflexión con vistas al futuro. Para reflexionar sobre lo que hemos hecho hasta ahora y lo que debemos hacer de ahora en adelante, pero sobre todo con una intención práctica, porque creemos que ha llegado el momento.

      Hemos reunido fuerzas, hemos recorrido el camino para der a conocer la opinión de una mayoría notable de Euskal Herria. Pero los gobiernos de España y Francia le sieguen negando la palabra. ¿Qué compromiso se necesita por nuestra parte para que todas esas fuerzas que hemos reunido sean decisivas de aquí en adelante? ¿Que puede hacer cada uno de nosotros para que atiendan a la palabra de Euskal Herria?

      En esta huelga de hambre que estamos llevando a cabo, no nos miraremos a nosotros mismos, pese a que, aun saliendo de ella con vida, superar las huellas que dejan tales ayunos nos llevará meses o incluso años, caso de que no queden daños para siempre en el cuerpo. Con un compromiso mucho más profundo y un coste más elevado que el que los medios de comunicación pretenden dar a entender. Porque la huelga de hambre es lo más que podemos dar, siendo el medio de lucha más duro imaginable bajo el enemigo.

      El llamamiento que hicimos a la huelga general no ha recibido una respuesta positiva en Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa por parte algunos de los principales agentes partidarios de nuestras reivindicaciones. Al parecer, no hay "condiciones" para tal iniciativa. Queremos decir algo sobre eso: lo más importante no es hacer una huelga general, o dos; lo más importante para que los presos vascos estemos junto a nuestro pueblo y para hacer respetar la palabra dada por Euskal Herria es ejercer la mayor presión posible sobre los gobiernos de España y Francia. Y en nuestra opinión, si bien la huelga general no es el objetivo, sí es un instrumento de lucha adecuado para mostrar coherencia en las reivindicaciones y para hacer presión con fuerza. Y no tenemos duda de que si los agentes políticos se lo plantean audazmente, la sociedad vasca dispone de capacidad para hacer ese tipo de presión y más aún, como lo ha demostrado más de una vez. Lo más importante, desde nuestro punto de vista, es dar un nuevo paso adelante. Ir incrementando la presión. Despejar los incomprensibles temores para tomar iniciativas resueltas frente al enemigo y actuar con intrepidez es la única vía a nuestro alcance para conseguir algo.

      Nosotros no le pedimos a nadie que alcance nuestro nivel de compromiso. No le diremos a nadie que debe dar la vida por Euskal Herria, o que como los presos políticos vascos, físicamente bajo el enemigo día a día, con las condiciones de vida más básicas pisoteadas, le hagan frente con dignidad, mirándole a los ojos directamente, aun sabiendo que vendrán a palos. Pero sí le pediremos, en cambio, que piense si de verdad cree en lo que públicamente proclama. Si de veras cree que la palabra de Euskal Herria debe respetarse. Y si la respuesta, con lealtad, es afirmativa, tendrá que reflexionar sobre qué iniciativa eficaz se debe emprender para conseguirlo. Porque Francia y España nos han mostrado suficientemente que no le van a regalar nada a la Euskal Herria en marcha. Si se ha de conseguir algo, será obligado por los esfuerzos de todos nosotros. Hemos aprendido bien eso, que para lograr el más mínimo derecho tenemos que pagarlo con nuestra piel.

      Los presos políticos vascos reafirmamos que seguiremos con la misma fuerza que hasta ahora, en defensa de nuestros derechos, pero sobre todo en defensa de los derechos de Euskal Herria. La crueldad implacable del enemigo no nos ha hecho inclinar la cabeza hasta ahora, y tampoco lo conseguirá en el futuro. Por un lado, porque nuestro compromiso militante nos obliga a ello; pero además, porque sentimos junto a nosotros el aliento de Euskal Herria, y eso nos da fuerza para seguir en la lucha. No son muchos los instrumentos de combate que tenemos en nuestras manos, pero los que tenemos los seguiremos utilizando, hasta conseguir que nuestros derechos, y los derechos de Euskal Herria, sean respetados.

      Sin embargo, consideramos errónea esa filosofía de que "mientras no se arregle todo, no se puede arreglar nada". El camino se recorre paso a paso; con pasos pequeños se va recorriendo un camino largo. Es vana la búsqueda de un "mejor ambiente", o pedir a algún otro que haga algo a cambio del compromiso por mejorar la situación de los presos. Del mismo modo que no estamos dispuestos a servir como moneda de cambio para España y Francia, tampoco somos moneda de cambio para ninguna componenda en Euskal Herria. Se tiene que generar un "mejor ambiente"; y si pensamos que algo va mal y que hay que arreglarlo, si pensamos que la mayoría de los ciudadanos vascos ha dicho eso, se tiene que hacer, sin poner condiciones previas de ningún tipo. Lo contrario sería un fraude.

      Prosiguiendo con esa reflexión que mencionábamos antes, hacemos el llamamiento a los agentes políticos, sociales y sindicales de Euskal Herria a acrecentar la dinámica seguida hasta ahora y a hacerla duradera. Que respondan a la voluntad que la sociedad vasca ha mostrado claramente y que muestren cuál es el camino para hacer respetar la palabra de Euskal Herria. No vale con repetir que "hacer eso es imposible" y que "no hay condiciones para ninguna otra cosa". A eso se le llama evadir la responsabilidad. En lugar de remitirse al "nivel más bajo que todos aceptaremos", hay que atenerse "al nivel más alto de movilización que exige la palabra de Euskal Herria". Respetando los diversas formas de lucha, sin obligar a nadie a nada, pero con coherencia con todo lo que pensamos.

      Para que se respete la palabra de Euskal Herria hay que pasar de las palabras a los hechos, y esto es lo que se necesita: lealtad en los comportamientos y resolución en las acciones.

      En lugar de cortarle el camino a Euskal Herria, lo que hay que hacer es dar ejemplo y ofrecerle alas, para que pueda materializar todos sus derechos y toda su voluntad clara. En nuestra opinión, en los ciudadanos vascos existe la suficiente fuerza, y de sobra, para que esa palabra tantas veces pronunciada se haga realidad. Y nuestro compromiso es seguir en la lucha hasta conseguirlo. Hasta destruir completamente los muros que rodean a Euskal Herria.

      20 de mayo de 2000

      Índice home